La esquina está oscura, como si se hubieran fundido los bombillos de los postes en toda la cuadra, pero me tranquiliza ver que el semáforo funciona. Iluminado por el rojo protector de su luz cruzo la calle. ¿Las doce? Deberían pasar algunos carros… Parece que soy la única persona en la calle. Efecto lunes. Al rato viene una mini avalancha de carros, tres particulares a mil y dos taxis ocupados que andan todavía más rápido. Luego nada. Luego otra avalancha. Luego nada. Algún semáforo enloquecido debe estar causando estas pulsaciones. Ni un vigilante, ni un indigente, ni un borracho. ¿Un atracador? Ni eso… Se me pasan un par de taxis, van tan rápido que no alcanzo a estirar la mano.
- Autor: Juan Carlos Rodríguez
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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Perros
- Autor: Daniel Fragoso Torres
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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Los designios del cerdo
Aquella tarde
extendidos en la planicie de la mesa
los cuchillos se afilaban
para disccionar minuciosamente
la piel de aquel ente
vesido de lardo,
que sereno, daba la bienvenida
a los ojos de los comensales
quienes parecían llamar a la crueldad
como primer instinto,
como llama incandescente
de n apetito malsano,
brutal reminiscencia de otro sitio
donde fueron devorados,
sin heredad de compasión,
gobernados por sus vicios
los designios del cerdo
arremeten contra el banquete humano
- Autor: Haydeé Espino
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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de la victoria
No fue tu nombre el borrado de la piedra otoñal
ni fueron tus caminos
agrietados
por espumas imborrables,
ni fue tuya la vistosa copa de oro saboteada
ni tus letras vocales
fueron sepultadas en barros polvorientos
y mundanos
No fue tu nombre el arrancado con la planta de maíz
ni fuiste bañado en las harinas
de la angustia,
ni te ahogaste en crudos y extranjeros aires
ni abrazaron tus hijos
lacrimosos sepulcros:
mierdas pisoteadas por ejércitos de hormigas
y de ángeles
- Autor: MartinCervetto
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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You Know You’re Right
Conocí al padre Donato Aquaviva s.j. en un centro de rehabilitación para adictos a la pornografía lúdica. Había leído algo sobre él pero no mucho. Sabía básicamente que a mediados de los noventa se hizo famoso por ser el primero en diseñar un play station pornográfico, el cual marcó de algún modo a los jóvenes de mi generación y le costó a su vez la pérdida del puesto de director del seminario de St. Joseph, en Boca Ratón, Florida, así como el primero de una larga lista de internamientos en sitios como éste o peores.
- Autor: Marcelo Pellegrini
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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El mar
De pronto el mar asoma entre la niebla,
llama húmeda, blanca lengua de sal;
bella ardiente cuya sonrisa tiembla
ante montañas de tierno mirar.
Su ir y venir de olas verdes y azules
es la marea de mi corazón;
el mar me envuelve con sus blancos tules,
quiere cantarme su hermosa canción.
Yo echo de menos el templo del mar;
su fresco y hermoso lecho de rosas
es como de las aves el trinar
y como el vuelo de las mariposas.
Llévame, eterno mar, sobre tus olas,
piérdeme en ti poblado de tu brisa;
tu abrazo es un perfume de amapolas
que me recoge y eleva sin prisa.
- Autor: Juan Álvarez
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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Club de ajedrez
Hay un club de ajedrez al que nos gusta ir a jugar ping pong con Ivancho. Al club se le reconoce como club de ajedrez, se entiende, porque el ajedrez es su plato fuerte, pero desde luego también tiene mesas de ping pong. Por eso podemos jugar allí, porque tienen las mesas y las raquetas y el dispositivo de espacio necesario para el juego, pero además y sobre todo por la conexión que existe entre ajedrez y atmósfera de otros tiempos. Esa atmósfera de otros tiempos nos resulta a Ivancho y a mí perfecta para el tipo de ping pong que practicamos. En nuestro ping pong los gritos amenazantes, los insultos y
los comentarios sucios son ingredientes básicos. Ivancho y yo no podríamos jugar otro ping pong que no fuera éste. Para nosotros el ping pong es un juego psicológico, lo que quiere decir que el triunfo es
posible una vez desequilibras al rival a fuerza de humillarlo. Jugar este ping pong de improperios requiere de un club en donde o no haya nadie o todos anden medio sordos. Como en todos los clubes de ping pong hay gente porque de lo contrario quebrarían, nuestro club de ajedrez, frecuentado por viejos pensionados sordos o que se comportan como tales, resulta perfecto.
- Autor: Juan Carlos Reyna
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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Gente que grita
Al juez le ha crecido una barba enorme y las greñas le cuelgan a los hombros. No recuerda la última vez que tomó una ducha. No recuerda muchas cosas, más allá de la imagen de un dragón que lo mira desde la oscuridad. Los mareos han desaparecido, pero el sopor se ha convertido en una especie de estado permanente de confusión y alucinaciones. Los gemidos detrás de la puerta tampoco siguen.
Los encapuchados lo sacan de la jaula y comienzan la rutina de siempre: el cague y la avena. Esta vez, en lugar de devolverlo a la jaula, lo suben a una camioneta que está estacionada junto a los matorrales. Lo suben y, por primera vez, escucha la voz de uno de ellos. Chingue su puta madre, hiede re culero este cabrón. Viajan por un camino de terracería. Llegan hasta la carretera a Tecate y, pasando la caseta de cobro, entran en la autopista hacia Mexicali. A la altura de la Rumorosa se salen por una pendiente de tierra y rocas. Suben hasta llegar al tope. Uno de ellos saca a Gustavo de la camioneta. Lo deja tirado en el piso, luego se sube de nuevo y le hace un gesto con la mano a su compañero. Encienden la troca y dejan al joven juez tirado, en medio de la Rumorosa.
- Autor: Concepción Zayas
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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Paralelo 33
Querida Eusebia:
Por favor bébete un tequila a mi salud y la de nuestro amigo Miguelito, recuérdalo en la playa de San Pedro Pescador bailando flamenco. Guarda estas hojas donde te cuento cosas muy tristes y maravillosas que he querido compartir contigo, porque sé que sólo tú podrás comprender de lo que hablo.
Ayer fui a Walsingham, el centro de peregrinación mariana más importante de la isla. Un Santiago de Compostela, en versión femenina e inglesa, o para que me entiendas: el Tepeyac de la neblina. A ti, que eres omnicreyente, te habría encantado.
- Autor: Gabriela Aguirre Sánchez
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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Mientras caigo,
sin saber dónde habrá de terminar el viaje,
soy la muñeca que baja por el río de agua sucia,
la mujer que creyó sobrevivir debajo del agua,
debajo del cuerpo de su amante.
Caerse es un intento de reordenar el mundo,
la manera en que el alma grita cómo duele la cordura.
Caerse de una escalera:
abrir la puerta siempre cerrada
de las cosas prohibidas de la infancia.
Casi treinta años cayendo y la caída no termina.
Pobre mi corazón entre peldaños y barandales,
pobres de los hijos que no tengo
porque no acaban de caer en mis deseos.
Mientras caigo,
juego al teléfono descompuesto
con la gente que se ha ido de mi vida.
Me quedo con la mitad de lo que dicen
y no vuelvo a preguntar
aunque no entienda.
- Autor: AlanJose
- Publicado: 1 de febrero de 2007.
- Categoría: Número Uno
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Misquic
Es tan natural que parece haber sido modelo siempre. Misquic de noche es un escenario perfecto para un fantasma vestido de deseo. Él le da indicaciones mientras acciona el detonador de la cámara, persiguiéndola entre veladoras, flores de calabaza, frutas cristalizadas y buñuelos con jarritos de piloncillo derretido. De entre las aberturas y escotes del vestido asoma su piel, tan blanca y tan frágil. Ella juega a reprocharle la mirada y él le dice que cómo quiere que alguien piense en otra cosa, si cuando uno la ve sólo puede pensar en eso, en desvestirla. Está hecha para eso. No es casualidad que siempre lleve vestidos que se suben solos y tirantes que caen con un aliento, como ahora, en ese giro en que casi pierde el equilibrio y él la cámara. Sus bocas se rozan y ella lo rechaza coqueta, sin zafarse por completo. Él pasea sus dedos por sobre la tela y ella no hace nada para impedirlo; parece no darse cuenta; la mirada fija en las velas y las flores amarillas. Un seno escapa de entre la tela, lleno, duro, con su gota de noche en la punta. Y él desliza su mano dentro para liberar el otro. Se
