A las tres de la madrugada, Lorenzo está sentado frente al volante de una 4Runner estacionada al pie de la avenida Insurgentes y tiene mirada asesina. Está solo. Repasa mentalmente una a una las chingaderas que Stone le ha venido haciendo, hasta que por fin logra poner en palabras lo que días atrás había temido construir. Le salieron quedito pero muy bien deletreadas: ¡Te voy a chingar, hijo de la gran puta!
Al escuchar la contundencia de su propio decir amenazando la tranquilidad de la noche se espanta y mira repentinamente hacia los lados. Había hablado el Diablo. Enciende la radio y mejor trata de pensar en otra cosa. Lleva más de dos horas esperando pero ahí vienen ya. Stone adelante. Atrás, el Señor y dos prostitutas de lujo. Lorenzo se baja de un salto y echa ojo avizor por toda la avenida. Cuida al jefe. Abre la puerta trasera para dejarlos entrar y vuelve a montar la camioneta.
