Toco con la palma de mi mano el espejo de agua. La piscina devuelve mi imagen temblorosa. No ha sido
Mi retoño siempre me causa una sensación ambivalente: me impacienta su desorden pero me encanta su desorden. Con los hijos, de nada sirve que hayas aprendido a controlar tus realidades inmediatas: te arrastran a un nuevo comienzo en el que eres un torpe total. Madurar es aprender a evitar las equivocaciones,mía la idea: mi hija de tres años me invitó a jugar, a dibujar con agua en el borde enladrillado de la piscina. Marca su mano sobre las baldosas secas y grita: ¡Papá, dibujé mi mano! Y me maravilla que algo tan obvio la maraville.
