el perro

La revista online

Natalia, ¿por qué no le abriste al gato?

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n sábado cualquiera de octubre, doña Chabelita, con su cuerpo blan- do como avena recocida en una falda color lila y una blusa de flores,

U

los pies dentro de unos zapatos planos de felpa, el cabello azul pastel y la boca roja pintada más allá de las comisuras, pronunció el nombre de su nieta. Esto no habría tenido mayor relevancia si no fuera porque la ancia- na llevaba meses sin reconocer ni nombrar a ningún miembro de la fami- lia.

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Infancia

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Oía unos pasos

 

cuando se iba a dormir.

 

Con la cabeza en la almohada empezaban lentos —nunca corrían—

puso la oreja en el colchón y sospechó su origen:

 

venían a visitarlo desde la noche.

Atajos psicoanalíticos de la Doctora Bresfar

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De lo general

Recuérdese en la infancia. Encontrará sólo al niño que es ahora. El que fue usted,

si acaso todavía existe, vive en otro cuerpo pequeño. Usted y él nunca podrán conocerse.

Observe a cualquier infante. Sentirá envidia por no haber podido verse a sí mismo como usted lo ve ahora: tal vez con compasión, tal vez con esperanza.

Sepa que si está alegre, es porque siente que no necesita a nadie, tal y como cuando un niño cree que no necesita a nadie y desaira a sus padres. Poco después vienen las desavenencias y el llanto. El niño corre a los brazos de su madre pero usted no tiene dónde refugiarse. Los brazos de su amante o de sus amigos nunca serán suficientes, nunca serán lo mismo.

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La fascinación de lo difícil

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Para Bárbara Balcells

 

Has dried the sap out of my veins, and rent Spontaneous joy and natural content Out of my heart.

 

W.B. YEATS

 

 

De amor he escrito mucho y de amor sé poco, por no decirte casi nada.

Y sin embargo cada vez comprendo mejor a los pingüinos suicidas

(los pingüinos de Herzog ¿los has visto?)

que rechazan el mar

que rumbo a la montaña son dichosos.

 

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Cacaíto

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Hasta hace no mucho se pensaba que los loros parlanchines no eran capaces de comprender lo que decían. La ciencia los concebía como simples máquinas reproductoras de pequeñas fórmulas con una misteriosa predilección por los insultos. Es más, parte del efecto humorístico que provocaban sus frases soeces radicaba en el hecho de que no fueran conscientes del sentido de las mismas. Por alguna razón nos resulta cómica esa desconexión entre los mensajes y su significado. Durante los años más oscuros de la violencia bipartidista, el abuelo Arturo Cárdenas solía pedirle a mi padre, entonces un niño de cinco años, que entrara a los bares de los conservadores y gritara vivas al partido Liberal. El abuelo usaba a su hijo como un loro.

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Malas gracias

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Se es hombre siempre, aunque todavía seas un chiquillo. Se acostumbra uno a ser hombre. No hay que cantar en la escuela, no aplaudir a quien habla, y tampoco hacer gestitos estúpidos cuando las monjas se ponen a ento- nar rarezas queriendo que hagas el payaso junto a las muchachas. Hay que sentarse en los lugares más peligrosos y, si se puede, mero en el borde, con las piernas bien abiertas, para hacer ver a los otros que no te hace miedo nada. Aunque tengas miedo dentro de ti, porque miedo sí que se tiene, eh, sí. Por más que se diga que no. Y también sentimientos. Se anuda el corazón, a veces, con las cosas que nos pasan alrededor, pero —hasta que puedas— hay que hacer finta de no sentir nada. Eso es ser hombre. El único sentimiento que te dejan sacar es el que te sale cuando ves una bella muchacha. Ahí sí que pue- des hasta aullar. Ah, y también la rabia, que es un sentimiento hecho para los

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Tatacha fú

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yopi remotamente estaba en el sueño guajiro harto de ju(e)gos culoidales pero la pinche almohada impregnada con té de lechuga, no sueño húmedamente, no salen cuerpazos, tal vez porque siempre me la chiflo siendo el chicle de NAIDEN, aunque la sobazón de las vainas es una buena movida, riquísimo, sí, mamita, cuando te toca, pero se va en un dos por tres y despuecito yopi encañonando las clavículas y el buche silenciado, silenciado

(ALBUR METE el choclo a diestra y siniestra,,,)

 

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Martillo de brujas

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“Ninguna fuerza, ni la del fuego ni la del viento, ninguna arma mortal deben temerse tanto como la lujuria y la ira de una mujer que ha sido repudiada”

Séneca, Tragedias, VII

 

“When I look back upon my life, it’s always with a sense of shame, I’ve always been the one to blame. For everything I long to do, no matter when or where or who, has one thing in common too: it’s a  sin…”.

Pet Shop Boys

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El despojo

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…Cuando dormimos, el sufrimiento, que no olvida, cae gota a gota sobre el corazón hasta que, en nuestra propia desesperación, contra nuestra voluntad, llega la

sabiduría por intermedio de la portentosa gracia sobrenatural.

Esquilo

A patadas arrancó sus besos de mi boca por la escalera

 

mis brazos y piernas


rodaron

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Manual práctico del denuesto

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Nada más simple, pensarás tú, querido lector. No más abrir la boca para soltar algún improperio, mientras más ofen- sivo más eficaz, y si es original y de contra gracioso, puedes empe- zar a cultivar tus triunfos retóri- cos. ¿Pero cómo se miden esos triunfos? ¿En qué consiste la uti- lidad  del  insulto?  Sí,  eso  que oyes. Triunfo. Utilidad. No te me vas a esconder tras las teorías del desahogo o el lapso del ofensor: “No fue lo que quise decir…”, “Imagínate, en el calor del momento…”, “Quería que me odiaras…” Los insultos son más o menos efectivos de acuerdo a la  mella  que  produzcan  en  el receptor, y son infinitamente ren- tables.

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