Los designios del cerdo
1 de Febrero de 2007
Aquella tarde
extendidos en la planicie de la mesa
los cuchillos se afilaban
para disccionar minuciosamente
la piel de aquel ente
vesido de lardo,
que sereno, daba la bienvenida
a los ojos de los comensales
quienes parecían llamar a la crueldad
como primer instinto,
como llama incandescente
de n apetito malsano,
brutal reminiscencia de otro sitio
donde fueron devorados,
sin heredad de compasión,
gobernados por sus vicios
los designios del cerdo
arremeten contra el banquete humano
Se ladró en el Número uno | por Daniel Fragoso TorresUn ladrido to “Los designios del cerdo”
Jadéame al oído
¿q tan incandescente puede llegar a ser una caída?