La revista online

Los designios del cerdo

1 de Febrero de 2007

Aquella tarde

extendidos en la planicie de la mesa

los cuchillos se afilaban

para disccionar minuciosamente

la piel de aquel ente

vesido de lardo,

que sereno, daba la bienvenida

a los ojos de los comensales

quienes parecían llamar a la crueldad

como primer instinto,

como llama incandescente

de n apetito malsano,

brutal reminiscencia de otro sitio

donde fueron devorados,

sin heredad de compasión,

gobernados por sus vicios

los designios del cerdo

arremeten contra el banquete humano


Un ladrido to “Los designios del cerdo”

  1. alejandra on Agosto 10, 2008 2:09 am

    ¿q tan incandescente puede llegar a ser una caída?

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