La revista online

El mar

1 de Febrero de 2007

De pronto el mar asoma entre la niebla,
llama húmeda, blanca lengua de sal;
bella ardiente cuya sonrisa tiembla
ante montañas de tierno mirar.
Su ir y venir de olas verdes y azules
es la marea de mi corazón;
el mar me envuelve con sus blancos tules,
quiere cantarme su hermosa canción.
Yo echo de menos el templo del mar;
su fresco y hermoso lecho de rosas
es como de las aves el trinar
y como el vuelo de las mariposas.
Llévame, eterno mar, sobre tus olas,
piérdeme en ti poblado de tu brisa;
tu abrazo es un perfume de amapolas
que me recoge y eleva sin prisa.

Playa de Tunquén, diciembre 2006.

In memoriam Samuel Taylor Coleridge


Trackback URI | Sigue los comentarios

Jadéame al oído

Nombre (requerido)

Correol (requerido)

Farola

Ládralo bien alto