La revista online

3:23 AM

1 de Julio de 2008

Manó de su aljibe

y fueron cubiertas.

Bañadas quedaron sus ropas de brocal sanguíneo.

En el centro de su cuerpo

—de autistas horas—

una perla dilatada se dibujó tenue.

Atrás quedó el reposo.

Ahora que es otro día:

las horas les suceden.


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