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Los techos de la casa son altos como la fiebre

1 de Mayo de 2007

Hasta aquí llegan los barcos de la euforia
y entonces mis gritos te detienen.
Te hablo desde ese otro sitio,
te digo de mi abuelo que en una cantina
perdió la memoria, las ganas de volver a caminar,
la familia.
Debajo de la cama respira un gato
y la enfermedad me persigue con todas sus canciones.
El ruido del baño,
el universo de la comida
que se mezcla dentro de mí.
No es la fiebre quien habla por mi boca:
es ese otro fuego que me crece entre las piernas.

Mientras caigo,

1 de Febrero de 2007

sin saber dónde habrá de terminar el viaje,
soy la muñeca que baja por el río de agua sucia,
la mujer que creyó sobrevivir debajo del agua,
debajo del cuerpo de su amante.
Caerse es un intento de reordenar el mundo,
la manera en que el alma grita cómo duele la cordura.
Caerse de una escalera:
abrir la puerta siempre cerrada
de las cosas prohibidas de la infancia.
Casi treinta años cayendo y la caída no termina.
Pobre mi corazón entre peldaños y barandales,
pobres de los hijos que no tengo
porque no acaban de caer en mis deseos.
Mientras caigo,
juego al teléfono descompuesto
con la gente que se ha ido de mi vida.
Me quedo con la mitad de lo que dicen
y no vuelvo a preguntar
aunque no entienda.