La guerra, niños, está a un disparo de distancia
War, children, it´s just a shot away
Jagger/Richards
Gimme shelter
Jugamos a la guerra, a escondernos detrás de los butacones, bajo el damasco del eterno sofá de la sala grande, tras las cortinas.
Jugamos con disparos ficticios, usando nuestros labios de cañón, con simulacros de estrategias paramilitares, brillantes tácticas y guerrillas de primavera.
Todas las tardes.
A veces viene el chico de la cámara y nos filma un rato, hasta que se cansa él y comienza a jugar con nosotros, o nos cansamos nosotros y comenzamos a filmarlo a él.
Somos pocos, pero nos divertimos bien.
No nos hace falta mucho, sólo una sala grande, con sofá, butacones, cortinas y sillas. De vez en cuando salimos a jugar al jardín, pero esta tarde nos hemos quedado en casa.
Es más divertido en casa.
Miren lo que he traído, dice hoy el chico de la cámara. Aparte de la siempreeterna camcorder en su brazo izquierdo, lleva a una chica en su brazo derecho.
Quiere jugar con ustedes, nos dice.
Los rodeamos, olvidados por un instante de estrategias, tácticas y desarmes nucleares.
La chica tiene cabello dorado como trozos de sol en la ventana, ojos sur-azules y sonrisa de alfiler quitamanchas.
Hola, susurra.
Hola, le decimos.
El chico de la cámara sonríe. La chica también sonríe y nosotros miramos el festival de sonrisas sin saber exactamente qué hacer.
Lo de siempre, dice el chico, dándonos la clave secreta y nosotros comprendemos.
Nos difundimos como humo a lo largo y ancho de la habitación. Nos distribuimos en equipos y todos queremos a la chica como algo nuevo. Esta vez peleamos por ella.
Bajo los sofás, tras las cortinas, en los butacones. Se nos antoja camuflaje las paredes pintadas de verde, se nos divide el aire con simulacro de gases lacrimógenos.
Guerra, al fin y al cabo.
La chica, mientras tanto, se revuelca en el piso, absorbiendo polvo y suciedad, tosiendo (efecto de los gases lacrimógenos), el chico nos filma (zoom, doble plano, slow motion) y nosotros disparamos con las bocas, nos llevamos las manos a heridas imaginarias y morimos con estertores prestados de la película del sábado para volver a la vida minutos después, porque tenemos que ganar.
Esperen un momento, dice el chico de la cámara, se me acabó el cassette.
Esperamos mientras él reemplaza la cinta usada por otra nueva.
La chica se levanta del suelo. Tiene los jeans llenos de mugre y el pelo que relucía antes como un pedazo de sol, ahora es frazada sucia de piso. Ya no es tan bonita como antes.
Ya no puedo más, dice ella, me van a disculpar pero no puedo más, sigan ustedes.
No puedes abandonarnos ahora, le decimos, los equipos están formados, la guerra avanza a pasos agigantados.
Estoy cansada,murmura, no soporto más esta estupidez.
El chico de la cámara la mira con cara de yo-tú-no-diría-eso y después nos mira a nosotros con cara de interés. Ya ha reemplazado el cassette y echa a andar otra vez la camcorder. La lucecita Rec parpadea con reflejos rojos sobre el plástico negro de la cámara Made in Taiwan.
¿Vas a desertar?, preguntamos asombrados. Ella dice que sí, va a desertar.
Rápidamente hacemos consejo de guerra y tratamos de recordar el procedimiento que se ajusta al caso.
Deserción.
Por unánime decisión el consejo aprueba la pena de muerte por fusilamiento.
Se lo hacemos saber a la chica. Ella asiente. Cualquier cosa con tal de salir de aquí, le dice al chico de la cámara.
La empujamos contra la pared y le vendamos los ojos. Ella se deja hacer.
Nos situamos a diez pasos de distancia y tomamos puntería. Justo antes de disparar uno de nosotros dice, Esperen, vamos a hacerlo bien.
Va hasta el cuarto de papá y retorna con una escopeta de caza. Es la única que pude encontrar, se disculpa.
Lo dejamos solo frente al paredón de fusilamiento. Pelotón de un solo soldado.
Chicos ¿qué hacen?, se inquieta la muchacha. Trata de quitarse la venda de los ojos, pero nos hemos ocupado antes de atarle las manos, así que la cosa se le hace difícil.
Preparen… (el gatillo es echado hacia atrás)
Apunten… (¿está realmente cargada?, pregunta el chico de la cámara mientras lo filma todo ávidamente. Le decimos que creemos que no).
¡Fuego!
El disparador es echado hacia atrás. Presentimos el sonido del disparo hecho por la boca del encargado del acto aún antes de sentir el verdadero sonido del arma.
La escopeta dispara y el estruendo llena toda la habitación. Un intenso olor a pólvora nos envuelve los pulmones y durante dos o tres segundos no podemos hacer más nada que estarnos quietos y respirar despacio.
El olor se desintegra minutos más tarde en el aire y el chico de la cámara mira asombrado a través del ojo frío de la camcorder, nosotros miramos la escopeta en el suelo y al que la disparó dos metros más allá, también en el suelo, frotándose la barbilla. La chica continúa en la pared y una mancha roja se agranda en su hombro izquierdo. Ha mojado sus jeans y a sus pies un charco se hace más y más grande.
Disculpa, parece que estaba cargada de veras, le decimos mientras la desatamos.
Ella no dice nada. Abre y cierra la boca, como si fuera a decir algo, pero no dice nada. Se lleva la mano al hombro y cuando la retira mojada con sangre las palabras vuelven a su boca.
Sácame de aquí, le dice al chico de la cámara. Es lo único que logra pronunciar.
Él apaga la lucecita roja y se despide.
Chicos, me tengo que ir, nos dice y se va junto con la muchacha.
Recogemos la escopeta del suelo y continuamos jugando.
Nos escondemos detrás del sofá.
Bajo los butacones.
Tras las cortinas.
… Tratamos de no ser hallados por el enemigo…
Se ladró en el Número siete | Ladridos (0) por Raúl Flores Iriarte