el perro

La revista online

Prospecto

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Si, claro, por supuesto, tan agradecido

 

por mis pelos, mis ojos y mis veinte uñas, por mi esqueleto tan bien distribuido,

por mis litros, mis kilos, mi estatura…

 

 

 

Agradecido también por mis diez dedos, mis dos orejas y mi nariz única,

por mi aparato urinario y por el digestivo, por mi piel frente al sol, bajo la lluvia…

 

 

Debidamente agradecido por tener un cuerpo, por pasar por un tiempo donde la vida pasa, por cada día que duermo y me despierto…

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Lo que pasa en el Bosque

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Escenario vacío. Voces en off.

 

El conejo: ¿A dónde vamos? La niña: No lo sé.

El conejo: ¿Cuánto tiempo estaremos ahí? La niña: No lo sé.

El conejo: ¿Cómo piensas arreglarlo? La niña: No lo sé.

El conejo: ¿Cómo podrás salvarte? La niña: No lo sé.

El conejo: ¿Has pedido a Jesús por tu alma? La niña: No lo sé.

El conejo: ¿Has hablado con Jesús? La niña: No lo sé.

El conejo: ¿Te has arrodillado ante Él? La niña: No lo sé.

El conejo: ¿Sentías ganas de llorar? La niña: No lo sé.

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Futbolito

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Cuando mi hijo y yo empe- zamos  a  jugar  futbolito, me puse como firme propósito dejarlo ganar de vez en cuando Pensé que dejándolo ganar hoy sí y mañana también se le arre- ciaría el interés. De  manera que empezamos a jugar apenas regresaba de la escuela, un juego o dos, y a veces la revancha. No encuentro la forma de describir la expresión de su rostro cuando ganaba, sabiendo yo que en rea- lidad lo había dejado ganar. Levantaba   ambas   manos   en señal de triunfo y arrojaba un espumarajo de felicidad por las

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Dibujar con agua en el borde enladrillado de la piscina

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Toco con la palma de mi mano el espejo de agua. La piscina devuelve mi imagen temblorosa. No ha sido

Mi retoño siempre me causa una sensación ambivalente:  me  impacienta  su  desorden  pero  me encanta su desorden. Con los hijos, de nada sirve que hayas aprendido a controlar tus realidades inmediatas: te arrastran a un nuevo comienzo en el que eres un torpe total. Madurar es aprender a evitar las equivocaciones,mía la idea: mi hija de tres años me invitó a jugar, a dibujar con agua en el borde enladrillado de la piscina. Marca su mano sobre las baldosas secas y grita: ¡Papá, dibujé mi mano! Y me maravilla que algo tan obvio la maraville.

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Emiliana tiene cuca

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Yo, Emiliana de la Torre, ciudadana mexicana, tengo cuca…, eso es

lo que tienes que decir —le digo por segunda vez.

Esta  segunda,  educada  vez,  con  el  addendum  de  ciudadana mexicana; porque la primera le dije que dijera Yo, Emiliana de la Torre, tengo cuca.

Estamos  en nuestro apartamento,  un calor  horrible, nada  quen hacer.


Principios de julio: El Paso, Tejas: Nada por hacer. Un calor horrible.

—¡No!

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sonría,vida

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todos los pimientos mueren cuando les cortas las venas los chiles pican para defenderse de la constancia

del verdugo que los asa los cactus andan siempre entre dimes y diretes

 

 

garbancito cree que la distancia entre los dimes y los diretes es una copa de vino

y que en estos casos tan históricos

a él le gustaría ser un silencio de langosta pataleando antes de morir es domingo

garbancito no es judío ni musulmán sube a la azotea de su casa

se acuesta

pone las manos abrazadas detrás de la nuca y mira, observa las nubes

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Elefantes

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Ebrios gigantes que no olvidan, monolitos de lodo ennoblecido, trompetas de marfil,

respiración que alarga,

 

trompas que conducen a una cueva, palafitos donde las aves pican

los rescoldos del Pleistoceno.

 

En el zoológico de Chapultepec

—no para verlos—

mi padre me cargaba para darles de comer cacahuates sin pelar sobre mi mano.

Un instante y la trompa, inaudita aspiradora,

sin tocarlo esfumaba el alimento.

 

A la mitad de una sonrisa

 

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Matiné

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Siempre le dije a mi papá que quería ser un escritor famoso y vender muchos libros. Pero él se preocupaba y me decía que no pensara en esas cosas todavía.

Ese día me encontré con Laura en la cafetería del cine, una pecosita de 10 años. Yo estaba muy emociona- do porque nunca lo había hecho con una niña mayor a mí. La función empezaba en 15 minutos, así que me la llevé rápido al cuartito donde el conserje del cine guar- daba las escobas. El cuarto era oscuro y pequeñito. Quité un balde del mesón de baldosa y puse a Laura en él y le subí la falda hasta la cintura y le froté la nariz en la vulva hasta que se le encalaron las bragas que luego arranqué a dentelladas para verle la raja lampiña que penetré con el meñique para que no le doliera y no fuera traumático y de verdad se excitara y se emparamara; tal como lo hizo. Después metí las manos por debajo de sus muslos y mientras le separaba los labios mayores con los dedos del medio la levantaba con los antebrazos; ella era fla-

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Papá Noel duerme en casa

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La navidad en que Papá Noel pasó la noche en casa fue la última vez que estuvimos todos juntos, después de esa noche papá y mamá terminaron de pelearse, aunque no creo que Papá Noel haya tenido nada que ver
—Se la enviamos a Papá Noel —y le pasó el sobre.con eso. Papá había vendido su auto unos meses atrás porque había perdido el trabajo, y aunque mamá no estu- vo de acuerdo, él dijo que un buen árbol de navidad era importante esa vez, y compró uno. Venía en una caja de cartón, larga y plana, y traía una hoja que explicaba cómo encajar las tres partes y abrir las ramas de forma que se viera natural. Armado era más alto que papá, era inmenso, y yo creo que por eso ese año Papá Noel durmió en nuestra casa. Yo había pedido de regalo un coche a control remoto. Cualquiera me venía bien, no quería uno en particular, pero todos los chicos tenían uno en esa época y cuando jugábamos en el patio los autos a control remoto se dedicaban a estrellarse contra los autos comunes, como el mío. Así que había escrito mi carta y papá me había llevado hasta el correo para enviarla. Y le dijo al tipo de la ventanilla:

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La sonrisa del perro

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a Torben

 

Hace horas que llueve. El cielo parece venirse abajo, caerse a pedazos, desmoronarse sobre la ciudad. Llueve y llueve: se oyen truenos, la lluvia cae con fuerza desde hora temprana: no había amanecido
Salí de casa pensando que ya había dejado de llover, que esa gotera intensa ya dejaría de sonar y que el día se aclararía, pero sólo era una pausa que apenas me dio tiempo de pasar a comprar el desayuno en el mismo café de todos los días y cuando ya voy en la calle otra vez se suelta el aguacero.aun y ya se oía el agua chocar contra las ventanas, resbalar por los tejados para caer en los balcones, precipi- tarse al suelo y perderse en el drenaje.

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